Se
cierra el círculo
Limpiar las bujías es, en
esencia, una tarea rutinaria. El primer paso consiste en desmontar el cable concienzudamente
y limpiar el contorno con aire a presión. El hollín y la carbonilla incrustada
en las roscas se elimina utilizando soluciones descarbonizantes de alta
densidad. Por último y antes del montaje, un mecánico hábil debe comprobar la
distancia del electrodo mediante un micrómetro.
Josh era uno de esos
mecánicos hábiles. Por experiencia sabía que esa distancia debe estar
comprendida entre los 0,5 y los 0,7 milímetros. Ni más ni menos.
Cuando aquella pareja accedió
a su minúsculo taller ubicado en el corazón del extrarradio, en la calle novena,
el mecánico estaba ajustando el apriete de la última bujía. Aún le quedaban
algunas comprobaciones adicionales, pero confiaba en volver temprano a casa esa
tarde.
La pareja la formaban dos
individuos ataviados de traje negro y corbata de seda. Si Josh hubiese sido un poco
más avispado, quizás habría detectado los bultos que sobresalían de cada ajustada
chaqueta, entreviendo pistolas de grueso calibre.
-Buenas tardes,
caballeros- Saludó el mecánico, limpiándose las manos con un paño de color
indeterminado.
-Buenas tardes. ¿Es usted,
Josh Williams?- Preguntó el más alto de los dos sujetos.
-Sí- El mecánico se sintió
confuso por un instante.
-Nos han recomendado su
establecimiento para una reparación de nuestro coche- Prosiguió el hombre del
traje -Verá, tenemos bastante prisa y necesitamos el vehículo arreglado para
mañana a primera hora-.
Josh parpadeó repetidamente.
-Se le pagará una
cuantiosa suma de dinero por la premura, obviamente-.
-¿Dónde está su coche?
Tengo que valorar en primer lugar la envergadura de la avería- Dijo Josh, con
suspicacia.
-No hemos venido con él.
Se encuentra en la residencia de nuestro mecenas. Le llevaremos allí-.
-No será necesario. Puedo
ir en mi propio coche- Replicó el mecánico. Aquello le disgustaba.
-Insistimos en que venga
con nosotros- Intervino el segundo sujeto, esta vez con un revólver en su mano.
-Le recuerdo que nuestro
mecenas le pagará generosamente- Prosiguió el aparente líder de la pareja, más
conciliador.
Josh reflexionó con la
mayor rapidez posible. Sin buscarlo, estaba en un buen lío.
-De acuerdo… Iré con
ustedes, pero sin saber qué tiene su vehículo no puedo garantizar nada. Debo
recoger mis herramientas y…-.
-Olvídelas. Le suministraremos
todo cuanto necesite- Interrumpió el hombre.
A modo de precaución tomó
una caja con utensilios básicos. Clausuró el taller como buenamente pudo y el
hombre del revólver le empujó al asiento trasero de una limusina oscura. Seguidamente
se sentó a su lado y no guardó el arma en ningún momento.
Por la ventana, Josh
observó cómo abandonaban el barrio y las calles que conocía. En cuestión de
minutos, accedieron a una autopista con peaje de pago donde permanecieron durante
un cuarto de hora. Tras tomar una salida, ingresaron a una zona residencial más
lujosa, donde abundantes mansiones con vallas electrificadas discurrían en una
procesión interminable.
Una suave deceleración
detuvo el vehículo frente a una reja metálica custodiada por un vigilante
jurado. Tras vencer la inercia inicial, la reja se deslizó lo suficiente para
permitir el paso de la limusina. Un minuto después habían accedido a un
emplazamiento donde otros tres coches estaban aparcados.
-Aquí bajamos- Anunció el
hombre del revólver.
Josh se sentía fuera de
lugar. Una habitación de aquella casa era, con total certeza, más grande que se
propio apartamento en los suburbios humildes. Se fijó en los otros coches, dos
de ellos eran vehículos costosos, con especial diseño y accesorios hechos a
medida. El tercero era un coche deportivo y lo que más destacaba del mismo, era
el cristal frontal roto y la parte delantera abollada.
-Éste es el coche que
necesitamos que repare y deje listo para mañana- Habló el hombre de traje,
mientras el segundo guardaba su revólver bajo la chaqueta. Señaló el destrozo
-Como usted ya se habrá dado cuenta, el dueño ha tenido un desafortunado incidente
justo antes de sus vacaciones-.
El mecánico hizo una
evaluación preliminar y consideró el alcance de su trabajo encargado por
obligación. La luna sería lo más sencillo de arreglar, pero el radiador estaba inservible
y la estructura de la carrocería llevaría mucho trabajo. Debía enderezar
primero y luego volver a ajustar su forma original. Eso sin contar la pintura y
otros posibles fallos que encontrase durante el proceso.
-Me temo que no lo podré
tener para mañana, aun trabajando todo lo que queda de hoy y esta próxima
madrugada- Antes de que la pareja emitiese alguna disconformidad, apuntó al
radiador -Además voy a necesitar ayuda para remover eso-.
-La tendrá- Dijo uno de
ellos, el que sostenía el revólver.
-Prepare una lista de los
repuestos y lo que requiera- Intervino el otro, dejándole una pluma
estilográfica y un bloc de notas.
Josh no tardó en hacer un
listado preliminar, mientras observaba cómo ambos sujetos se quitaban las
chaquetas y corbatas de sus trajes. En ese momento, apareció una segunda pareja.
Se trataba de un anciano con ojeras y manchas en el rostro, y una mujer de unos
cincuenta años, maquillaje corrido y ojos llorosos.
-Buenas tardes, Sr.
Williams- Habló el anciano, su tono de voz era de barítono ahogado por el
tabaco y su aliento destilaba alcohol -Perdone usted por lo intempestivo de nuestra
solicitud. Sepa usted que el dinero no es un problema…-.
Un poco más lejos, en la mansión, una chica joven y desnuda salió de la puerta principal gritando y riéndose,
mientras era perseguida por quien debía ser el mayordomo. El alboroto dejó al
mecánico estupefacto.
-¡Fresa! ¡Todo es de
fresa! ¡Mi papi es un tacaño y mi mami era una stripper! ¡La, la, la!-.
-¡Por Dios, Aura! ¡Te
dije que durmieras a la niña!-.
La aludida estalló en
llanto y se derrumbó en el suelo. El hombre del revólver le ayudó a
incorporarse.
-¡Hoy he estado con dos
tíos y creo que me han dejado embarazada! ¡Mi papi va a ser abuelo! ¡Vainilla,
melocotón, cerezas! Todo es de frutas-. La adolescente se lanzó a una piscina.
El mayordomo no tuvo más remedio que sumergirse también en el agua.
-La lista- Le dijo Josh
al líder de la pareja de matones. Era de clase baja, pero no era tonto. Ya se
había hecho una idea de lo que había ocurrido.
Mientras esperaba las refracciones,
empezó desmontando el radiador. Observó que alguien había limpiado con lejía la
zona del impacto, pero aún quedaba algún rastro de sangre ajena.
El equipo de herramientas
especifico y los repuestos no tardaron en llegar. El dinero, y no la fe, mueven
montañas.
Trabajó durante toda la
noche con la ayuda de esos dos mastodontes. Les indicaba dónde tenían que aflojar
o dónde debían apretar. Estaba cansado, pero quería culminar lo más pronto
posible aquella desagradable faena en la que le habían inmiscuido sin buscarlo.
Cuando amaneció, ráfagas
de pintura pulverizada cubrían los componentes arreglados de la carrocería. No
se dio cuenta cuándo apareció el anciano, pero sí percibió que le miraba con una
mezcla de angustia y satisfacción.
-Mi hija es rebelde e inquieta,
Sr. Williams. Pese a que ella ha tenido un accidente muy desafortunado, agradezco
mucho la cooperación que usted nos ha brindado para ayudarnos a resolver nuestro
problema- El anciano hizo una seña y uno de sus subordinados le extendió un
maletín de terciopelo.
En el interior había incontables
fajos con billetes de alta denominación y un olor a dinero turbio. No le importó. Con esas cantidades
podía cerrar el taller y estar más tiempo con su mujer. Se habían casado hace
unos meses y quizás era la oportunidad de pensar en tener descendencia.
La limusina le llevó de
vuelta a su nido, pero Josh le pidió que le dejara unas manzanas antes.
Sencillamente no querían que supiese dónde vivía. Sólo quería olvidar ese
desgraciado episodio.
Caminó lentamente y con
el maletín aferrado entre sus brazos. Se detuvo ante un quiosco donde los
periódicos del día estaban anunciados en el escaparate. En el periódico local,
el titular rezaba lo siguiente:
Atropello
y fuga con fatal desenlace.
El contexto de la noticia
informaba sobre un coche deportivo de alta gama que había atropellado a una empleada
de una farmacia. La infortunada mujer había sido atendida por paramédicos que
acudieron al lugar de los hechos, pero no fueron capaces de reanimarla. Un testigo
aseguraba que una chica era quien conducía el vehículo, pero no pudo apuntar la
matrícula, dada la rapidez de la tragedia.
Las piernas de Josh flaquearon
y se desplomó en el suelo. La noticia era acompañada por la fotografía de la
víctima.
Era la esposa del mecánico.
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